¿Hiperactivo o el más pequeño de la clase?

 

NOTICIA¿Hiperactivo o el más pequeño de la clase?

El pasado lunes 5 de marzo pude leer en el periódico esta noticia que más tarde busqué en ELMUNDO.es con el objetivo de que fuese objeto de una reflexión por  mí parte.

Personalmente me ha alegrado leer de la doctora Anna Sans que en España no existe un sobrediagnóstico puesto que no era lo que yo creía hasta este momento o sobre lo que se nos estaba alertando continuamente. Obviamente no es profesional etiquetar a un niño si no existe detrás un buen diagnóstico y más serio aún cuando hablamos de proporcionar una medicación al sujeto.

De la misma manera, me ha alarmado el hecho de que señale que “siguen siendo más los casos que no se detectan”. Desde mi óptica, creo que el papel del profesor es imprescindible pues va a poder alertar al profesional que competa de conductas o situaciones que pueda observar en el aula en las que considere que algo no marcha bien. Solicitando ayuda a otro profesional no está perjudicando al niño sino que, al contrario, está poniendo en manos de un profesional más especializado una situación que, por sus características, no está en sus manos.

Desde mi punto de vista, ahora como futura orientadora, creo que cada vez que nos llegue alguna situación similar debemos realizar un buen y profundo diagnóstico para “no pecar” etiquetando a un niño. No quiere decir que, aunque no se trate por ejemplo de un niño con este trastorno, no podamos hacer nada para favorecer su situación e impedir que se encuentre con mayores dificultades.

Considero que la mínima dificultad de aprendizaje con la que se encuentre un niño debe ser abordada por el profesor (con nuestra ayuda si la requiriese) para evitar males futuros, pues en muchos casos esa mínima dificultad puede ser atajada a tiempo y no tener mayor repercusión. Si dejamos que esa dificultad se acreciente, puede provocar males mayores y que, en muchos casos, sean más difíciles de solventar.

Por último, hay un aspecto del artículo que también me ha llamada la atención y ha sido la propuesta de Mojarro de separar a los niños en los primeros cursos; “por un lado los nacidos de enero a junio y, por otro, los de julio a diciembre”.

Desde mi óptica, la diferencia de madurez es evidente en ambos grupos, pero no soy partidaria de tal división. Es cierto que, como ahora señalaré, todo tendrá sus pros y sus contras.

Para mí el profesor, y en eso consiste lo bonito de su profesión, debería atender a cada uno de sus alumnos de acuerdo con sus necesidades. Obviamente puede ser más fácil hacer esa separación para poder atender a éstas, pero se pierde la mayor riqueza que es la que se pueden ofrecer entre los propios niños. Creo que todos los niños se enriquecen de todos y que es de una enorme riqueza todo aquello que un niño puede aportar, ofrecer a su compañero.

El hecho de tal separación puede facilitar atender a todos los niños de acuerdo con su madurez, en este caso, pero al mismo tiempo se está impidiendo, en muchos casos, que algunos puedan avanzar más deprisa, pues de antemano ya se han puesto una etiqueta para realizar dicha división.

Con todo ello, soy de la opinión de que no debe existir esa división y que ha de ser el profesor y los demás profesionales los que han de compensar y ayudar al niño que, por causas de fecha de nacimiento, va a ser más inmaduro que los demás compañeros.

Sobre todo, no confundir inmadurez con hiperactividad, tal como nos alerta el artículo.

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