Competencias del Orientador

27  y 29 de febrero de 2011

            ¿Sabemos cuáles son nuestros límites y nuestras posibilidades o potencialidades? ¿Nos cuesta reconocerlos?

 

Creo que ambas cuestiones tienen una respuesta afirmativa. Considero que conocemos nuestros límites, pero nos cuesta reconocerlos. Desde mi punto de vista, todas las personas tenemos límites, algunos los podemos superar, pero otros van a estar ahí y va a ser lo que nos haga diferentes, no tiene por qué ser positivo ni negativo. Quizás la palabra límite en este sentido tenga una cierta connotación “negativa” en nuestra sociedad y sea lo que nos haga huir de esa palabra, tratando de evitarla o escondiéndola debajo de otros conceptos.

En lo referido a las potencialidades pasa algo similar, no se trata de ir “pregonando” ni lo que somos ni lo que se nos da bien, pero existe de la misma manera un término medio, por lo menos, desde mi punto de vista.

 

Todo esto, lo dejo escrito aquí de una forma muy teórica casi como si de un libro estuviese sacado, pero soy la primera que soy consciente que este aspecto construye uno de mis límites.

Tenemos que conseguir, como profesionales que vamos a trabajar con personas, que en la medida de lo posible esos límites o áreas de mejora se conviertan en potencialidades y que ellos mismos sean conscientes tanto de sus límites como de sus posibilidades. Este será el punto de partida.

Pero para todo esto, para poder conseguir que la persona que tenemos en frente sea consciente de todo ello, nosotros mismos hemos de saber hacer este ejercicio.

Podemos enumerar una serie incontable de competencias, actitudes, características personales…que como orientadores deberían definirnos y será de esa  manera como podamos valorar en qué medida nos caracterizan, las poseemos y cuáles debemos trabajar. Aunque las trabajemos, debemos ser conscientes que será la experiencia y el día a día el que nos permitirá ir desarrollándolas y definiéndolas.

De la misma manera, es cierto, que en el equilibrio radica el éxito. Obviamente no vamos a ser expertos en todas estas competencias ya sean aquellas más personales o las profesionales. Debemos hacer ese ejercicio de conocernos, de tener en cuenta aquellos aspectos que sabemos que indudablemente nos van a ayudar en nuestra profesión y, al mismo tiempo, mostrar una actitud más activa en aquellas otras competencias que quizás tengamos que mejorar. Ahí se encontraría el equilibrio.

Quizás, si quisiéramos priorizar siempre vamos a subrayar unas frente a otras, pero personalmente considero que se trata de un compendio inseparable y que unas han de completar a las otras y que va a ser el conjunto de tales las que nos han de definir como orientadores.

 

En definitiva, se trata de conocernos mejor, de saber cuáles van a ser las cualidades, características, competencias…que nos van a acompañar en el día a día, puesto que a la larga esa va a ser nuestra principal tarea: que la persona que tenemos delante de nosotros se conozca. Será el punto de partida para abordar cualquier “problema”, dificultad o conflicto.

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