Expectativas

 

22 de febrero de 2011

Creo que la base, sustento de todas las reflexiones que plasme de aquí en adelante en mi blog personal va a estar fundamentada en las expectativas que me llevaron a decantarme por esta profesión como psicopedagoga y las que van a hacer “acto de presencia” en mi quehacer diario.

 

Obviamente para estar aquí, una licenciatura de segundo ciclo, he de venir de una diplomatura que innegablemente ha sido mi vocación.  Con esto quiero decir que, si quiero ser sincera conmigo misma, la posibilidad de ejercer mi profesión como maestra de Educación Infantil, siempre va a ser mi prioridad. Sin embargo, en el poco tiempo que llevo de andadura como “futura psicopedagoga” no tengo muy claros dónde están los límites entre una carrera y otra y, es más, me atrevo a decir que la Psicopedagogía en sí debería ser una asignatura de cualquier especialidad de Magisterio.

Me parece materia criticable el hecho de pasar por una carrera de tres años y no ver una asignatura de diagnóstico o de intervención propiamente dichas. Es cierto, que mi competencia, como maestra, no es diagnosticar, pero sí saber observar a un niño que tengo en mi aula y, en caso necesario, poder derivarlo al profesional pertinente. En una expresión: “no pecar de ignorancia”.

 

Pero, además, de todo esto, ¿qué me ha movido a decantarme por la carrera de Psicopedagogía?

En primer lugar, me gustaría subrayar que el ámbito que me apasiona es el de la educación y que me decantaría a trabajar con este colectivo. Es cierto, que no nos quedamos en los propios alumnos sino que detrás de cada “mirada” de un niño hay unos padres, un contexto familiar y social,…en los que vamos a tener que intervenir e implicarnos.

Hay algo que me motiva de esta profesión y es el hecho de poder ayudar a aquél que me necesita, pero ayudar en el sentido de “saber cómo hacerlo”. No estoy negando ni restándole importancia a la ayuda que pueda prestar a un niño en el que acompañe durante los primeros años de su vida como maestra. En el caso de referirme a la profesión como orientadora, creo que estoy formándome en herramientas para ello, para poder dar lo mejor de mí en las situaciones en las que soliciten mi “ayuda”.

Reitero el sentido que le quiero dar, en este caso, al verbo “ayudar”. Todos estamos en condiciones, pudiéramos decir, para ayudar a aquél que solicite nuestra ayuda, pero debemos exigirnos hacerlo con profesionalidad, con conocimiento de causa y dando lo mejor de nosotros mismos, sin que esto nos pueda afectar emocionalmente.

 

Con todo esto, y a modo de conclusión, estas expectativas se irán cubriendo conforme vaya superando hándicaps y alcanzando logros en mi quehacer diario. Creo que no existe mayor motivación que ir poco a poco viendo que tus esfuerzos tienen fruto y que sirven para hacer más fácil el día a día de muchas personas.

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