Hacia la Orientación Familiar…

 

 

Coloma, J. (1993). Estilos educativos paternos. En Quintana, J.M. (coord.) Pedagogía familiar. Madrid: Narcea

 Nardote, G. et al. (2003). Modelos de familia. Conocer y resolver los problemas entre padres e hijos. Barcelona: Herder

 

Desde mi óptica, ambos capítulos son el marco teórico para emprender, en muchos de los casos, la orientación familiar.

Es una presentación meramente teórica de los diferentes estilos familiares o modelos de organización de las relaciones entre padres e hijos adolescentes que pueden darse. Será el punto de partida para poder abordar muchas de las solicitudes de ayuda con las que nos vamos a encontrar en el ámbito de la orientación familiar.

A la hora de la lectura de los capítulos, llama la atención las consecuencias que pueden tener los diferentes estilos en los que se suelen situar o colocar los padres en relación con sus hijos.

Si no nos paramos a pensar y nos preguntan que si preferimos un padre autoritario recíproco o un padre permisivo negligente, me atrevería a concluir diciendo que la mayoría de todos nosotros, si no conocemos el trasfondo de la teoría, nos inclinaríamos por un padre permisivo. O si, de la misma manera, nos dan a elegir unos padres hiperprotectores, sacrificantes…

No se trata de una elección y el hecho de que nuestros referentes paternos se inclinen más por un estilo o por otro no tiene por qué acarrear “problemas” futuros. Sin embargo, me parece muy interesante, conocer de cada uno de estos estilos, cuáles son las posibles consecuencias que pueden tener en los hijos.

Nardone, por ejemplo, hace una breve descripción de situaciones que pueden desencadenarse de cada uno de los modelos. Por ejemplo: unos padres hiperprotectores que no dejan hacer nada a sus hijos por miedo a que no lo sepan hacer, que se caracterizan por la “asistencia rápida”, la sobreabundancia de cuidados. Si no nos lo planteamos, nos puede parecer hasta ideal que unos padres se preocupen tanto por sus hijos, pero en el fondo puede desencadenar “adolescentes patosos” que no saben tomar responsabilidades porque siempre lo han hecho todo por ellos y no están habituados. Incluso pueden llegar a  creerse incapaces.

Muy de acuerdo con el autor, evidentemente es difícil que unos padres comprendan que, por ejemplo, el exceso de amor hacia su hijo, en ciertas ocasiones, puede hacerle un flaco favor futuro.

No consiste en hacer una crítica, por mi parte, a ninguno de los modelos o estilos educativos sino que se trata de conocer muy bien cada uno de ellos, cuando nos enfrentamos a una situación de orientación familiar, pues puede tratarse del punto de partida para abordar la situación de ayuda a la que nos vamos a enfrentar.

 

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