¿Qué está pasando con la EDUCACIÓN de nuestros niños y niñas?

 

 

El pasado viernes 16 de Marzo de 2012, con motivo de la cercanía del día de San José, el periódico ABC recogía dos artículos de gran interés y que pueden ser objeto de nuestra reflexión.

 

Hijos autoritarios, padres chantajeados (CARLOTA FOMINAYA)

Me parece realmente interesante este artículo en el que se destaca el aumento de casos de niños y adolescentes que se vuelven contra sus progenitores y llegan incluso a denunciarles.

Todo esto ha hecho que los padres con frecuencia tengan miedo a fijar límites para imponer o sancionar a sus hijos pues desconocen dónde está la línea roja que si la sobrepasan pueden recibir una denuncia por parte de sus hijos.

Estoy totalmente de acuerdo con el artículo cuando se subraya que “la sanción es parte de la educación”. Es cierto que esta ha de ser proporcional y no convertirse el “cachete” en la única forma de comunicación entre padres e hijos.

Pero  me parece muy triste que nos encontremos en tal situación hoy en día; en un momento donde los padres no saben cómo educar a sus hijos, carecen de recursos y además, desconocen las consecuencias que puede tener sancionar a su hijo.

Creo que esto ha hecho que nos encontremos en la vertiente contraria, en el permisivismo total donde los hijos hacen “lo que quieren” y ven en sus padres otro amigo más, no la figura de autoridad que así debiera ser. Por otro lado, los padres que no quieren situarse en ese permisivismo total con sus hijos, tampoco saben como hacerlo y, en muchas ocasiones, se sienten culpables porque no dejar salir a sus hijos hasta la misma hora que sus amigos, por no comprarles todo lo que quieren, por fijar unas normas en la casa…

Desde mi óptica, es muy clara la frase de Pedreira que se recoge en el artículo y que define correctamente el trabajo de educar: “el trabajo de educar a un niño, precisa de autoridad, sin autoritarismo; de firmeza, sin rigidez; y de normas, sin leyes.

De acuerdo con él, ahí radicaría el estilo educativo óptimo, correcto que no obligue a situarse en ninguno de los extremos.

“Más cariñosos y menos severos” (M. J. PÉREZ-BARCO)

En el artículo, se subraya la idea de que los padres han ganado hoy en cercanía y protección y han perdido a la hora de poner normas. Han perdido un terreno en un campo que hasta ahora estaba reservado para ellos: la autoridad.

En el artículo se esbozan varias causas de esa pérdida de autoridad entre las que se destacan: la comodidad, la evitación de conflictos con los hijos y la consecución de la paz familiar, la búsqueda de ser amigos de sus hijos…

Desde mi óptica y de acuerdo con la psicóloga Menéndez Benavente, que aparece en el artículo, hay que diferenciar entre el padre autoritario y el que hace respetar su autoridad. Considero que aquel padre que hace respetar su autoridad es el que va a saber enseñar a sus hijos dónde están los límites, a asumir responsabilidades, a enfrentarse a frustraciones y dificultades…

El problema recae en que se asocia al padre que se hace respetar el papel de autoritario extremo que coarta a sus hijos en todas sus decisiones, iniciativas,…

Pienso que el ideal está como siempre en el medio de estas posturas. No se trata de ejercer la autoridad extrema y tampoco una permisividad excesiva donde los niños “hagan lo que quieran” y sus padres sean unos amigos más.

El padre ha de ejercer el papel de padre y se puede conjugar perfectamente un “hacerse respetar” con muestras de afecto, de cariño, de ternura, de cercanía…

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