¿Cómo somos de estratégicos?

 

 

Pérez, M. L. (2000). La formación del profesorado para enseñar estrategias de aprendizaje. En Monereo, C. (coord.) Estrategias de aprendizaje. Madrid: Visor

 

El título del libro resume muy bien el objetivo del presente capítulo. Me parece interesante dejarlo plasmado en el blog pues en nuestro trabajo podemos encontraros con profesores que soliciten nuestra ayuda a la hora de presentar las estrategias de aprendizaje a sus alumnos para que desarrollen un aprendizaje significativo y puedan enfrentarse y realizar un tránsfer a otros contenidos diferentes.

 

Ojalá esto fuese lo más común. Sin embargo, los profesores raramente van a pedirnos ayuda salvo cuando se trate ya de una orientación más remedial, no preventiva.

 

De ahí, que sea tan importante concienciar a los profesores de la importancia de enseñar estrategias a sus alumnos para enfrentarse a unos contenidos determinados. Es una realidad que cada día existe mayor fracaso escolar y nos debemos plantear si los niños conocen, emplean estrategias que les faciliten el acercamiento a determinados contenidos, permitiendo un aprendizaje más significativo y efectivo.

 

Como muy bien subraya Maria Lluïsa Pérez en este capítulo, debemos partir del profesor como aprendiz estratégico. Es decir, que el profesor sea consciente de cómo él aprende unos determinados contenidos, con qué estrategias se enfrenta a ellos,…para a partir de ahí poder enseñar a sus alumnos las mejores estrategias.

Además, se deberá plantear qué contenidos o cuestiones pueden presentar mayor dificultad, qué procedimientos específicos deben conocer para comprender aquellos contenidos o qué procedimientos de aprendizaje puede enseñar para facilitar el tratamiento de tal información.

 

No se trata de que el profesor vaya especificando en cada caso las estrategias que debe utilizar el alumno, pero sí un abanico de posibilidades para que el alumno elija aquellas con las que se siente más cómodo y poder transferirlas a situaciones similares.

 

En definitiva, se trata de formar al profesor primeramente como aprendiz estratégico para que posteriormente pueda trabajar como enseñante estratégico. Por ello, como orientadores podemos plantear y llevar a cabo seminarios y cursos para sensibilizar a los docentes con las estrategias de aprendizaje.

 

Si conseguimos que desde pequeños los niños comiencen a trabajar estas estrategias les permitiremos que se enfrenten a los contenidos de aprendizaje de una forma más significativa favoreciendo su incorporación y asimilación.

 

Debemos reflexionar sobre si gran parte del fracaso escolar que tenemos tiene algo o mucho que ver con las dificultades que presentan los alumnos a la hora de enfrentarse a determinados contenidos y cómo podemos favorecer, permitir que esa aproximación sea significativa y efectiva.

Hacia la Orientación Familiar…

 

 

Coloma, J. (1993). Estilos educativos paternos. En Quintana, J.M. (coord.) Pedagogía familiar. Madrid: Narcea

 Nardote, G. et al. (2003). Modelos de familia. Conocer y resolver los problemas entre padres e hijos. Barcelona: Herder

 

Desde mi óptica, ambos capítulos son el marco teórico para emprender, en muchos de los casos, la orientación familiar.

Es una presentación meramente teórica de los diferentes estilos familiares o modelos de organización de las relaciones entre padres e hijos adolescentes que pueden darse. Será el punto de partida para poder abordar muchas de las solicitudes de ayuda con las que nos vamos a encontrar en el ámbito de la orientación familiar.

A la hora de la lectura de los capítulos, llama la atención las consecuencias que pueden tener los diferentes estilos en los que se suelen situar o colocar los padres en relación con sus hijos.

Si no nos paramos a pensar y nos preguntan que si preferimos un padre autoritario recíproco o un padre permisivo negligente, me atrevería a concluir diciendo que la mayoría de todos nosotros, si no conocemos el trasfondo de la teoría, nos inclinaríamos por un padre permisivo. O si, de la misma manera, nos dan a elegir unos padres hiperprotectores, sacrificantes…

No se trata de una elección y el hecho de que nuestros referentes paternos se inclinen más por un estilo o por otro no tiene por qué acarrear “problemas” futuros. Sin embargo, me parece muy interesante, conocer de cada uno de estos estilos, cuáles son las posibles consecuencias que pueden tener en los hijos.

Nardone, por ejemplo, hace una breve descripción de situaciones que pueden desencadenarse de cada uno de los modelos. Por ejemplo: unos padres hiperprotectores que no dejan hacer nada a sus hijos por miedo a que no lo sepan hacer, que se caracterizan por la “asistencia rápida”, la sobreabundancia de cuidados. Si no nos lo planteamos, nos puede parecer hasta ideal que unos padres se preocupen tanto por sus hijos, pero en el fondo puede desencadenar “adolescentes patosos” que no saben tomar responsabilidades porque siempre lo han hecho todo por ellos y no están habituados. Incluso pueden llegar a  creerse incapaces.

Muy de acuerdo con el autor, evidentemente es difícil que unos padres comprendan que, por ejemplo, el exceso de amor hacia su hijo, en ciertas ocasiones, puede hacerle un flaco favor futuro.

No consiste en hacer una crítica, por mi parte, a ninguno de los modelos o estilos educativos sino que se trata de conocer muy bien cada uno de ellos, cuando nos enfrentamos a una situación de orientación familiar, pues puede tratarse del punto de partida para abordar la situación de ayuda a la que nos vamos a enfrentar.